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Primero quiero dar las gracias a los cuatro participante. Solo tenéis que votar. Aquí tenéis 4 participantes; torpeyvago, Elficarosa, anacentellasg y Superduque777. Tenéis siete días para votar.

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torpeyvago

El caso más fácil.

Estoy de pie en mi cocina. Con la mano derecha trato de ponerme un vino. Miro hacia abajo, hacia mi mano izquierda. La separo del lado correspondiente del abdomen y destapo el líquido rojo viscoso que mancha mi camisa. Bebí el vino tratando de tranquilizarme.

La vida del detective privado es mucho más monótona de lo que se presume. Paso muchas horas vigilando lo que hace gente normal, o sea, nada. Y eso cuando tengo trabajo. Otras veces, eso sí, la rutina se ve alterada por un caso interesante. O por un caso aburrido que te lleva a una situación interesante, como el actual.

Como aburrido era el actual, quiero decir.

Vine a casa a comer y entonces ocurrió. Preparé pasta. ¡Por qué no me pondría el delantal!

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elficarosa

LIBERACIÓN

Aleteando
mariposas en flores
colorean sonrisas.

En el Nirvana
plenitud al volar
liban felicidad.

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anacentellasg

ORGULLO DE MADRE

Mi corazón acelerado ya no puede más. Sé que falta más de media hora, pero una necesidad imperiosa me lleva a salir de casa apresurada. He aquí el resultado de tanto tiempo sin llegar a mi hora, toreando mis retrasos de la mejor manera posible.

Hoy salgo acelerada de casa. La ya tan conocida ansiedad se apodera nuevamente de mí y hace que mi comportamiento resulte prácticamente obsesivo. El pecho me martillea, mi gran compañera la opresión hace más fuerza que nunca dentro de él y amenaza con estallar cual si de una olla a presión se tratase. Trastabilleo mientras corro apresurada a cambiarme de ropa, recojo las llaves, el móvil y mi sempiterno paquete de tabaco, fiel compañero y gran amigo de mi ansiedad.

El corazón sigue palpitando con fuerza dentro de mi pecho, parezco estar al borde de un infarto. Mi mente aún cuerda me recuerda, no es nada, ya lo sabes, no es tu hora todavía. Pero también repite el mantra tan bien aprendido en los últimos días: no puedes llegar tarde, no puedes llegar tarde… Introduzco la llave impaciente y arranco el coche, recibo agradecida un pequeño alivio de la presión, ya estoy de camino. Pero mi afán no me permite ni respetar los límites de velocidad ni las normas de buena circulación. A estas alturas, acostumbrada a esa conducción apresurada, creo que podría resultar una taxista excelente. Quizá me lo proponga algún día.

Por fin, para mi gran consuelo, llego a mi destino. La calle está desierta, un par de coches a lo sumo. Aparco bajo el sol aún abrasador de principios de octubre. Falta media hora, resoplo aliviada mientras un par de cigarrillos me acompañan en mi desesperada espera como mis buenos amigos que son. Otro mantra resuena en mi cabeza, mientras las lágrimas amenazan con asomarse a mis tristes ojos castaños, sin nada especial que revelar salvo la profunda tristeza que hace meses se manifiesta en ellos. Y mientras, mi mente hiperactiva prosigue con su retahíla: nunca más volveré a fallarles, nunca más volveré a fallarles… Y en esos momentos, mi determinación se hace más determinante, valga la redundancia. Bien podría producirse un holocausto nuclear, que ello no impediría que yo estuviese allí.

Finalmente, logro bajar del coche con la entereza necesaria para que nadie note nada, guardar un poquito de dignidad también es importante, no os creáis. Con el corazón aún palpitante, me acerco a la valla que rodea el recinto. Resuena la algarabía, los gritos, niños corriendo y gritando de un lado hacia otro. Cada uno en sus clases.

Sólo me lleva un instante localizar entre toda aquella locura a la pequeña partecita de mi corazón que no está conmigo en estos momentos. Subido sobre sus patines, recorre la pista como alma que lleva el diablo. Y la opresión cesa un poquito, dejando paso a un enorme sentimiento de orgullo que me va llenando poderosamente. Falta poco para que acaben las clases, camino más relajada hacia la entrada del cole y, cuando por fin abren la puerta, salgo lanzada hacia las pistas con el orgullo corriéndome a mil por hora por las venas, hasta que llego a él y nos fundimos en un profundo abrazo. Recogemos los cachivaches y vamos a buscar el otro pedacito de mi corazón que nos falta. Le encuentro ya solo, esperando que vayamos en su busca.

Y veo en sus ojos ese sentimiento que tanto ansiaba ver, el de confianza, el de saber que aunque mamá tarde es porque está recogiendo a su hermanito pequeño. Las ganas de llorar me sobrevienen sin previo aviso, aunque aún soy capaz de mantenerlas a raya. Ya estamos juntos los tres, ya nada más importa.

Mi compañera la opresión del pecho sigue ahí, inseparable, siempre fiel, pero en estos momentos, irreemplazables para mi frágil corazoncito, puede más mi alegría al verles y mi orgullo de madre me llena por completo. Es como si el corazón amenazase por salir del pecho, de igual manera que en los peores momentos de ansiedad, pero de una forma completamente distinta, algo que te llena por completo y no eres capaz de describir con palabras. Vamos, que no tiene la RAE ninguna palabra que sea capaz de describir ese inmenso gozo, ese inmenso amor incombustible. Hacen falta varias y ni siquiera se aproximan en lo más mínimo al sentimiento que causan: orgullo de madre.

Amor correspondido de manera incondicional, que siempre perdona tus retrasos, tu estrés, tus gritos cuando no logras mantener la paciencia requerida. Porque ellos no tienen culpa de nada y aún así, siguen dándote su amor incondicional y diciéndote al oído: eres la mejor mami del mundo, mientras te ofrecen el abrazo más sentido que pueden ofrecer y tus ojos vuelven a humedecerse una vez más.

No lo soy, vidas mías, por supuesto que no soy la mejor mami del mundo, pero sí soy la que más os quiere, la que más orgullosa se siente de vosotros, la que daría su vida si fuese necesario por vosotros dos.

Y a “dios” pongo por testigo, que nunca más volveré a fallarles.

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superduque777

Como una palmera que la brisa mece
al tibio aire que levanta suaves olas
con el canto de las caracolas
mueve su cuerpo de Diosa, crece y siento
el ritmo al son de sus caderas…

Como el sol que levanta en primavera
izando flores hacia el firmamento
se alzan sus brazos en acordes prestos
de rimas y poemas no compuestos
por un ángel danzando en las estrellas.

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  1. _Elegías dice:

    Mi voto por ‘Orgullo de Madre’ de Ana. Muy bello relato.

    Le gusta a 1 persona

  2. María dice:

    Ya voté, mi benjamín.
    Muchos besetes.

    Le gusta a 1 persona

  3. Ya voté, pero el voto es secreto, jajaja
    Abrazo de luz para todos.

    Le gusta a 1 persona

  4. Marta Pinhao dice:

    Mi voto a superduque777. Abrazo

    Le gusta a 6 personas

  5. BERKANALUZ dice:

    Hola Junior, que linda propuesta, me enteré tarde y lo hice por intermedio de serunserdeluz, que lo compartió en su facebook es que ando medio perdida en wordpress…en verdad hubiera participado pero me enteré tarde ya he votado y también lo compartiré en mi facebook…abrazotes!!!!

    Le gusta a 2 personas

  6. soylaotram dice:

    And the winner is———————————> superduque777

    Le gusta a 10 personas

  7. paralimpica dice:

    Alirón el super campeón.

    Le gusta a 7 personas

  8. ¡¡¡ Suuuuuuuuuuuuuuuuuuuper !!!

    Le gusta a 7 personas

  9. NO SE VEN LOS RESULTADOS.
    ¿PUCHERAZO?

    Le gusta a 7 personas

  10. pepeyoyo dice:

    Gran premioooooooooooo

    Le gusta a 6 personas

  11. torpeyvago dice:

    Enhorabuena a los tres campeones. La verdad es que no me importa haberme quedado de farolillo, puesto que los tres son la leche.
    Mi más sincera felicitación a Superduque que ha arrasado.
    Por otro lado, muchísimas gracias a la persona que me ha votado 😉 .

    Le gusta a 1 persona

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