Quisiera agradecer a Junior la oportunidad, inmerecida a todas luces puesto que quedé último en la convocatoria, de publicar en su <i>blog</i> uno de mis desbarros. Sí, desbarrar, pero de barra del bar, como diría el gran Francisco Ibáñez. También dar la enhorabuena a mis compañeros de convocatoria por los magníficos textos que enviaron. Y nada más porque, como estoy en casa ajena —pero muy bien acogido, eso sí— debo ser educado y no elucubrar más de la cuenta. Así es que os dejo con algo que podríamos denominar relato. O lo que queráis vosotros. ¡Feliz 2017!


Cinco horas, cuarenta y ocho minutos y poco más

—Hola, señores. No sé si me conocen ustedes, pero nos vemos por este bar las tardes de invierno y las noches de verano. Soy astrónomo profesional, y trabajo en el observatorio privado de Siles, haciendo PROAM. Les he estado oyendo contar su nochevieja y me siento tentado a contarles la mía.

»Sí, ya sé que no será tan interesante como la de este señor, que ha incluido unas descripciones increíbles de sus varias vomiteras. O la de este otro, con la bronca con sus cuñados. O la de aquel, que dice haber fornicado con su cuñada, arriesgando por veinte minutos de placer, veinte años de matrimonio. Incluso las de estos dos que discuten sus hazañas gástricoetílicas. ¿Cuántos quilos de carne y cuantos litros de vino cada uno? ¡Buf! Incluso el que presumía de haber toreado a la Guardia Civil yendo bebido por completo y poniendo en peligro a familias inocentes. Sí, se les nota en el olor a un ayer sin ducha y con resaca: humo de chimenea pegado a un jersey, aroma a vómitos en un aliento, sudor en un par de axilas y restos olorosos en general, efluvios de lo más rancio del año pasado.

»Y también sé que en otras circunstancias no estarían ustedes ahí calladitos escuchándome… quiero decir oyéndome, porque lo de escuchar, no sé yo. Quiero decir, no se me alboroten, que su estado neuronal actual les hace más receptivos a mi modesta diatriba sobre estas fiestas. Sí, caballero, voy al grano.

»Como todas las noches, ya digo, incluyendo fiestas y vacaciones, acudo a este bar. En verano ceno mientras anochece y en invierno prácticamente meriendo poniéndose el sol. Luego tiro de coche y hago hora y media de viaje al observatorio. Hoy en día no es necesario que haya nadie por la automatización, pero la fundación prefiere tener un residente que además haga el mantenimiento y, los viernes y sábados, atienda las visitas astroturísticas. Decía que todas las noches, incluso la de añonuevo. ¿Acaso no descubrió Piazzi a Ceres el primer día del siglo diecinueve? Sí, el uno de enero de 1801.

»Perdón, dejo de divagar. Todas las noches, eso es. Pero ésta pasada quería celebrar algo. Es verdad que hace más de veinte y… o treinta y tantos años que trabajo todos los días, mejor, todas las noches, y que cuando me pongo los auriculares siento el frío del plástico en la coronilla, que me salen canas en las narices, y, en definitiva, que uno ya no es un chiquillo. Pero en el último correo de la doctora Cristina Gonzálvez O’Sea, investigadora jefe del grupo de supernovas de la Universidad de… Vale, vale, ya sigo. Vamos, que en su último correo se despidió con un «besos» en lugar de un «afectuoso saludo». Permitan ustedes que me sonroje: fue mi primer beso. Y pensé que debía celebrarlo por todo lo alto.

»Normalmente, desde hace seis años que me contrataron en este observatorio, tomo el combinado ocho o el catorce. Excepcionalmente el doce, el dos o un montado de mero. Pero ayer pedí… sepia a la plancha. Y de beber, una sin. Así soy yo. Dándolo todo. Me entretuve de más con la cena. Además, pensaba hacer algo excepcional. La entrada en el 2017 la celebraría con la observación de NGC 2017. Veo que la bella camarera, inmigrante del levente europeo y puesta tras la barra para que con sus atributos atraiga clientes, con todo éxito, tiene un gesto un tanto aburrido, y la comprendo. A fin de cuentas, es quizá NGC 2017 uno de los objetos más sosos del New General Catalognu yéneral catálog, disculpen mi mal inglés—, un mero asterismo formado por cuatro o cinco estrellas sin más relación entre sí que parecer juntas desde la tierra. ¿O es quizá tan adusto gesto debido a tener que aguantar esta parroquia día tras día más que a lo insípido del cuarteto estelar?

»Continúo, que creo que les parece que desbarro algo. El caso es que además quería observar, en honor a la doctora Cristina, el famoso «trío de Junior», objeto de su tesis, con la maravillosa nebulosa de Superduque, los brillantes velos de Anacentellas y el gran remanente de supernova Elficarosa. Sí, lo veo en vuestras caras, soy un romántico empedernido. Además, me llevé una botella de champín para completar la fiesta.

»Salí, como digo, un poco más tarde de lo habitual, siendo ya noche cerrada, cuando lo normal es que aún se distinga un hilo de luz roja en el poniente a mi derecha. A esas horas se andaba aún con los preparativos de cenas, ágapes y conteo de uvas. El olor de la noche era de invierno, de frío, de leña de estufas, de gasóleo de calefacciones y de cocinas atareadas.

»La niebla me acompañó, como es normal en estas fechas, por toda la cuenca del Guadiana hasta que me acerco a Siles. Después de, veamos, mmm… dos mil ciento cincuenta y tres viajes, pase lo que pase, me sé el camino de memoria. Por eso me extrañó lo que, ejem, digamos, que me sucedió.

»Más que niebla, era una casi agradable y acogedora neblina que permitía la conducción sin problemas. Es más, en cuanto que la carretera se alejó un algo de la civilización apareció una magnífica noche estrellada. Los jirones de vaho parecían alzarse desde el asfalto como sílfides buscando liberarse del yugo terrenal. El horizonte se difuminaba en un fantasmal, o mejor, espiritual gris indefinido noctámbulo en el que apenas se distinguían las figuras de algunas encinas, ancianas sabias conocedoras de los secretos del universo tras siglos de continuada observación. Y en el cielo se reconfiguraban las constelaciones al ritmo con el que las huidas hadas pasaban por delante de esta o esa estrella. Más que viajar, paseaba.

»Saliendo a las veintiuna y diecisiete debería haber llegado a las veintidós y cincuenta y cuatro. Sin embargo, el ordenador del observatorio marcaba las cuatro horas y casi cuarenta y tres minutos. Claro, se han quedado ustedes ojipláticos y culitorcidos. Es normal. También se han dado cuenta, qué coincidencia, ¿verdad? cinco horas y casi cuarenta y nueve minutos de retraso. Y el año pasado fue bisiesto.

»Por un momento pensé que nuestras medidas de tiempo son erróneas, que el tiempo no es continuo y que los astros nos roban ese desfase en un único salto al cabo del año, cediéndonos un día entero de golpe cada cuatro, pero no cada cien, salvo que sean cuatrocientos pero fallará en un día pasado tres mil trescientos… y tomo aire, que me ahogo con la perorata.

»El caso es que, y por el asombro que muestran ustedes coinciden conmigo, pensé: ¿y el año que viene serán once horas y treinta y siete minutos?

»Porque, piensen ustedes, ¿se acuerdan de todo lo que hicieron anoche? ¿Tienen la sensación de que fue mucho más corta de lo normal? ¿De que la fiesta se les pasó volando hasta que hoy han amanecido revueltos en humores malolientes, pensamientos turbios y enturbiados, bocas secas y malestar físico, mental y espiritual? ¿De que alguien o algo les ha robado esas horas?

»Sí, claro, veo que a ustedes también les llama la atención. Creo que lo mejor sería que lo comprobásemos el año que viene. ¿No les parece?

»¿Cómo? ¿Qué es eso de tripinferrari? No, es un Ritchey-Chretien de setenta centímetros y otro Schmidt-Cassegrain de cuarenta para las excursiones. En fin, señores, espero volver a departir con ustedes, aunque no deberíamos dejar pasar más de un lustro como ahora. Brindo con mi mosto salobreña antes de partir hacia el observatorio, ¡feliz 2017!

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 31 de diciembre de 2016

Autor; torpeyvago

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Acerca de torpeyvago

Yo también estuve en París en el 68. O al menos de allí vine en tales fechas; y acerté a aterrizar en plena Mancha, como Sancho Panza. Ingeniero vocacional dedicado a la energía, hay pocas cosas que no me atraigan: Ilusionismo, Astronomía, Arqueoelectrónica, Música, Lectura y Escritura... Y mi mayor ocupación: La Paternidad (de dos hermosas e inquietas criaturas).

»

  1. Junior dice:

    Muchas gracias a ti , por estar aquí. Yo estado trabajando, todos los días y poco pude disfrutar. Aquí en Benidorm, más fiestas más se trabaja. Me encanto leerte. Y bienvenido.

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  2. Marta Pinhao dice:

    ¡Muy, muy bueno! felicidades para vos. Abrazo.

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  3. Buenísimo compañero!!! Me ha encantado leerte 😘😘😘😘

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